Selecciones de la Colección del Museo Guggenheim Bilbao IV

19 de noviembre, 2013 – 31 de agosto, 2014

3 de mayo

José Manuel Ballester se licenció en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid en 1984. Sus primeras pinturas se centraron en las técnicas de las escuelas italiana y flamenca de los siglos XV y XVI. En 1990 comenzó a combinar pintura y fotografía y, desde entonces, gran parte de sus obras representan espacios arquitectónicos, tanto interiores como exteriores. En 2010 recibió el Premio Nacional de Fotografía en reconocimiento a "su singular interpretación del espacio arquitectónico y la luz, y su aportación destacada a la renovación de las técnicas fotográficas".

En opinión de Ballester, el rápido desarrollo tecnológico de la fotografía hecho posible que, tanto el artista como el espectador, puedan observar el mundo del arte más de cerca. A través de la fotografía, Ballester busca encapsular el tiempo, detenerlo, darle un descanso del paso de la vida mediante la inmersión del espectador en no-espacios arquitectónicos. Ballester se interesa por los espacios vacíos, por retratar a la gente a través de sus rastros y sus reflejos. Su obra investiga la soledad del individuo y las contradicciones del mundo moderno a través de la arquitectura, transformando espacios en escenas artificiales. La luz juega un papel destacado, ya que lo oculto y lo visible, lo público y lo privado, actúan como aspectos que revelan la condición humana. Sus imágenes de gran formato abren un gran abanico de posibilidades interpretativas; para Ballester, la obra invita al espectador a participar en la metamorfosis de la realidad.

La búsqueda por parte de Ballester de una poética del espacio vacío ha dado como fruto la serie Espacios ocultos, que incluye reinterpretaciones de obras maestras de la historia del arte, que el autor rehace alterando digitalmente imágenes fotográficas de esas pinturas del pasado, con el fin de generar ausencias turbadoras. Obras como Los Fusilamientos del 3 de Mayo de 1808 (1814) de Francisco de Goya permiten a Ballester volver a visitar obras de siglos pasados, abordarlas sin tener que renunciar a su propio tiempo. Goya abordó con intensidad el tema de la guerra y sus consecuencias, en lo que respecta tanto a la colectividad como al individuo. En su reinterpretación del 3 de mayo, las personas han desaparecido de la escena; sin embargo, aún podemos reconocer el entorno utilizado por Goya para representar el terrible hecho histórico. Solo hay un rastro de la tragedia, el charco de sangre en la tierra, iluminado dramáticamente por la luz indirecta de una lámpara. En las afueras de la ciudad, en la oscuridad de la noche, los soldados se han marchado ya y los cadáveres han sido retirados.

José Manuel Ballester

3 de mayo, 2008

Impresión fotográfica sobre lienzo

268 x 347 cm

Edición 1/2 + P.A.
Guggenheim Bilbao Museoa

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